jueves 23.11.2017

Torneo de la URBA

Viernes 13 de Abril de 2012

Las ilusiones de unos y otros

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Por: Frankie Deges
La pasión de siempre. Alegría y tristeza, sensaciones que se vivirán a partir del próximo domingo. El inicio de la URBA pone en la línea de largada a equipos que pugnarán por la corona y a los que tratarán de mantenerse en la elite. Así como también los objetivos de los clubes, ahora se suma el de los jugadores.

Este fin de semana arranca el campeonato de la URBA, probablemente el más importante a nivel clubes, y como hace tantos años, desde 1899 para ser más precisos, se renueva la ilusión colectiva de varias instituciones y la individual de sus jugadores.

Por un lado están los que tienen aspiraciones de salir campeones, meterse en semifinales, prenderse en los playoffs o en el grupo de los mejores (Top 14). Hay clubes que se alegrarán con zafar de las garras del descenso, otros festejarán el ascenso.

Dependiendo de su filosofía, los objetivos pasarán por jugar cada vez mejor al rugby, disfrutar cada fin de semana y ver como esto redunda en éxitos deportivos... o no. Habrá para quienes el resultado lo es todo. Hay quienes creen que el camino es lo que importa y el resultado viene de la mano de la forma en que se recorrió ese camino.

También están los objetivos individuales. Los jugadores tienen sus aspiraciones: de jugar en el primer equipo del club por las razones que fuere, porque es jugar para el club de los amores, porque es el equipo en que jugaron padres, tíos o hermanos; o porque el objetivo es querer trascender mas allá de los confines del club, ser el mejor en el puesto, ser reconocido y con suerte poder ser tenido en cuenta para un seleccionado nacional o provincial.

Las ambiciones son lógicas y entendibles. Se abre un nuevo universo en el rugby local y para quienes tanto tiempo y esfuerzo le dedican está bien, es sano, que busquen trascender. El tema es que esa trascendencia tenga correlato. Ahí surge el tema.

Hay una realidad que no es debatible. El mejor jugador siempre se destacará. Juegue en un equipo del Grupo 4, en un equipo de Ushuaia o en Los Pampas XV. El tema es la movilidad que quiera asumir ese jugador, y por movilidad es cambiar de club si su club no acompaña su nivel de juego o sus ambiciones. A mejor calidad de compañero, de rivales y de club, mejor será el nivel del jugador.

Ese movimiento es más aceptado fuera de Buenos Aires que en el rugby de la URBA. Hoy además, con el rugby comercial que se está desarrollando, crecen las sospechas de marronismo. Contra eso no hay forma de control. Hay clubes que saben que algunos de sus jugadores reciben algún beneficio y lo callan. No lo combaten; entonces en silencio lo aprueban.

Allá ellos. Creamos en el rugby que elige para sus clubes el amateurismo. Porque si es por tener jugadores pagos, te traigo cinco fijianos que van a ser baratos y seguro llegamos a semifinales, me decía una vez alguien de un club con aspiraciones. Claro, nos daríamos cuenta de la trampa...

Los tiempos se acortan y el jugador para ser visto y tenido cuenta debe ser un gran jugador ya en juveniles. El ingreso a los planes de alto rendimiento provinciales y nacionales se hace a temprana edad y son pocos los casos en los que aparece de la nada un jugador formado.

El caso emblemático de Julio Farías-debutó en Los Pumas a los 32 años- es distinto. Sí estuvo en el radar de la UAR, jugó tres años en el M21 y se destacó al punto que llegó a jugar para Argentina A, entonces, el segundo equipo nacional.

Una lesión lo alejó de las canchas y un contrato en Francia en la tercera división lo sacó del sistema. Daniel Hourcade, bajo quien había trabajado en el Rouen, a sabiendas que volvía al país, lo convocó para la primera Americas Championship en Córdoba. La idea era que ayudara puntualmente en ese torneo. El resto es historia.

No debería volver a pasar. Los buenos jugadores no deben filtrarse en una muy segura red de detección con la inestimable ayuda del análisis de video, un sistema que avanza y deja perplejo a quien lo va conociendo (tema que se reflejará eventualmente en este espacio).

El filtro está en juveniles y los que se destacan ahí probablemente suban al plantel senior de la UAR y deberán despedirse de sus clubes por un tiempo largo. Esa es entonces la decisión del jugador en su ambición por crecer y ser mejor rugbier. Queda claro que en líneas generales, y mas allá de la dolorosa ausencia -a ningún club le gusta perder a sus mejores jugadores- se van con el beneplácito de sus amigos, entrenadores y la misma institución en la que crecieron.

Arranca una nueva temporada. Comienzan las ilusiones. Para algunos, el objetivo será salir campeón. Para otros, disfrutar del rugby
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